Quiere ver una película. Esa que tanto había esperado y que como le dijeron era buenísima. Nadie quiere ir con ella, ya nadie quiere acompañarla a ningún lado, ya nadie quiere siquiera estar a su lado. Ella cambió. Sin darse cuenta culpaba a los otros hasta que se dio cuenta de que no eran ellos, era Ella. Ella cambió. Ya nada era igual, ya nada es igual. Lo que antes le gustaba ya no lo hace tanto. Se dio cuenta de que al no ser la misma ya no veía nada del mismo modo, ya no veía a nadie de la misma manera. Esto aunque no lo quería aceptar perjudicaba de cierta manera su forma de ser. ¿Por qué? Porque todas las personas que ella conocía estaban metidas en el lío, porque aunque no quisiera verlo de ese modo ya no era tan agradable estar con ellos porque ellos no querían estar con ella sino con la persona que era antes. Las personas cambian. Momento. ¿De verdad lo hacen? ¿Cambian ellas o las circunstancias? Creo que es una buena pregunta. Algún día encontraremos juntas la respuesta y con gusto la compartiremos con cualquier interesado en saberla o cualquier curioso que pase por ahí en ese preciso momento. ¿Por qué toda este dilema existencial y filosófico? Porque es necesario saberlo para entender porque ella estaba sola en el cine y para entender por qué de ahora en adelante estará más sola que antes. Encerrada en su mente, muy a su pesar.

Volvemos al cine. Llega, sola. Compra la entrada para esa película a la hora próxima. El vendedor se extraña y le dice: -“¿Sólo una?”-. ¿Es ley que uno vaya al cine acompañado? Piensa. Sin duda es mejor más no indispensable. Le reitera que sí, que es sólo una. Se la da y ella puede vislumbrar un destello de lástima en su rostro. No le gusta la lástima. Dejo de tratar a mucha gente por eso y trata en lo posible de no tocar cierto tema para evitar la misma mirada del muchacho. Sube. Compra las cotufas y el té frío de limón. Le encantan las cotufas y lo más irónico es que de niña casi se muere por culpa de una, pero así es la vida, ¿no? Pero ni tiene hambre ni tiene ganas de comer mucho. Prefiere el té que el refresco aunque el primero sea más dañino, pero no le importa mucho, además ya está cansada de tomar tanta agua. Termina de comprar. Se dirige a la sala donde verá su película. Sala 2. –“Buenas tardes, señorita. (Rompe el ticket por la línea punteada) disfrute su película”- Dice un muchacho a la entrada de la sala. –“Gracias”-. Entra. No hay casi nadie. La película lleva más de dos semanas y además es muy temprano. Sube hasta el fondo de la sala. Se sienta en un asiento no muy a los lados. Prefiere ver la pantalla desde el centro. Va llegando gente. No mucha. Bajan las luces. Comienzan las propagandas y los trailers de las próximas películas a estrenar. Inicia la película. Ella la ve tranquila comiendo sus cotufas y tomándose su té. Mientras ve no piensa. Sólo disfruta. Se ríe. Hay partes en donde quiere llorar. (Generalmente no son las mismas en las cuales lloran la mayoría de las mujeres). En fin, sólo disfruta. Termina la película. Pasó un buen rato. Uno de los pocos y buenos momentos que ha pasado ella consigo misma. Esos momentos casi siempre terminan mal pero el de hoy no. Baja las escaleras. Sale de la sala. Comenta mentalmente la película, estuvo buena. Valió la pena la espera. Camina un rato por el centro comercial y luego se va. Tiene que agarrar tomar transporte público. Porque como ya les conté ya nadie quiere estar con ella. Y pues ni modo, está ella sola y ella sola se quedará…