Llovía. Estaba sola en su casa. Como siempre. Así que ya para que mencionarlo. Seria mejor decir cuando este acompañada. No tiene ganas de hacer nada. Ya casi nunca tiene ganas de hacer algo. ¿Por qué? Por los momentos no tiene sentido hacer algo. Está de vacaciones así que no tiene nada que hacer. Le gusta la lluvia. Desde pequeña le ha gustado pero no se puede bañar en ella ahora aunque se muera de las ganas, afuera está haciendo mucho frío y puede enfermar. No quiere enfermar pero sin darse cuenta lo está. Esta enferma de decepción y eso a veces es peor que cualquier gripe o neumonía, porque la decepción no se cura con antibiótico, se cura con tiempo, paciencia y ganas de querer recuperarse. Ella no sabe si quiere recuperarse. Le han decepcionado tantas veces que ya no quiere tener ilusiones con nadie. La vida no ha sido del todo mala con ella, le ha quitado muchas cosas, le quito a una persona especial, le quito muchas de sus ilusiones, la mayoría de sus sueños se fueron con esas ilusiones, la confianza se esfumo hace años. Se refugia detrás de una sonrisa que no siempre es real, usa el sarcasmo como amigo, se disfraza de fuerte, de persona a la que nada ni nadie la tumba pero tiene un corazón tan grande, muy a su pesar, que cualquier insignificante palabra la puede lastimar. Pero nadie sabe eso porque ella no se lo dice a nadie porque como ya dije a nadie le importa.

Solo una persona puede darse el lujo de decir que la conoce e inclusive esa persona no lo sabe todo de ella, sabe más que los demás pero no todo. La única persona que lo sabe todo es Ella, nada más que ella. A los demás ni les interesa, ni les importa, ni preguntan así que para que hablar. Por su parte ella conoce a mucha gente porque ella si se preocupa en conocer a quienes las rodean, a ella si le interesa, a ella si le importa, ella si pregunta. Ella ve más allá de lo que siempre le dicen, ella sabe cuando la respuesta “bien” no significa eso. No es ciega, ve las cosas como son, ve las intenciones. Entiende más de lo que le gustaría. Pero ya estoy diciendo mucho de ella. Vamos a lo que íbamos.

Como ya había dicho hacía frío así que buscó su sweater blanco tejido, lo hizo ella. No quedo perfecto, pero es el primero que hizo y le encanta. Va hacia la ventana. Una de las cosas que más la relaja es ver y escuchar la lluvia golpear la ventana. Piensa. Mmm. No le gusta mucho cuando se pone a pensar. Eso implica recordar muchas cosas tristes y hacer muchas preguntas. Tratar de resolver muchas de las cosas inconclusas que ocupan su cabeza. Pero de vez en cuando tiene que hacerlo. Es lo mejor. Piensa en el caso más reciente de decepción. Se pregunta por qué lo hizo. Ella tiene mucha de la culpa pues había decidido confíar más en la gente y darles una oportunidad. Grave error. Y ese error le costo caro. Esa persona aunque no sabía mucho de ella consiguió que ella le mostrara lo que escribe. Nadie lo ve y ya nadie más lo hará. Confió antes de tiempo. Esa persona logró que ella se abriera un poco más, que fuera cariñosa, que fuera ella. Ella aunque su intuición le decía lo contrario le dio una oportunidad a esa persona. Una decisión errada. Hablaban todos los días, muy cariñosamente, como si fueran amigos desde hace años. Tenían muchas cosas en común y ella no salía de su asombro de tanta similitud. Pero como siempre pasa su historia no tiene un final feliz. Un día el simplemente dejó de responder sus mensajes, ya no llamaba y ella lo que estaba era preocupada porque pensaba que le podía haber pasado algo. Ingenua. Cuando lo vio le preguntó si estaba bien. Le dijo que si que sólo estaba muy ocupado y estresado entre la universidad y el trabajo. Espera. Ella sabía que su respuesta no era sincera. Las pocas semanas que llevaban conociéndose le permitieron saber cuando el le mentía. Había algo extraño en esa respuesta. En sus ojos. Ya sospechaba de algo pero lo dejó así. Tenía clases. Pasa la semana y no lo ve. Por alguna extraña razón tiene el presentimiento de que la evita. No era un presentimiento, eso estaba haciendo. La veía y ya no la saludaba ni respondía el saludo cuando ella lo hacía. Ya no le hablaba. Un día que ella esta muy tranquila escuchando música a la entrada de la universidad. Había llegado muy temprano ese día.

Lo ve llegando. Y noto como algo le oprimía el pecho y vio que tenía ganas…. Ganas… ganas… no sabía de qué… si de llorar de decepción o matarlo pos cobarde. El llegó agarrado de manos de una muchacha. Y la única pregunta que pasaba por su cabeza, conjunto con las ganas de quien sabe qué, era ¿Por qué no me dijiste? Ella hubiera entendido, siempre entendía. Y eso fue lo que más le dolió. Lo que más peso tenía en todo ese dolor. No eran celos pues ella no es celosa. Y no sabe si eso es bueno o no. Más que confianza en el otro simplemente sabe que nadie es dueño de nadie. Su cobardía fue lo que la decepcionó. Esa persona que había hecho que ella creyera en la gente no fue lo suficientemente valiente como para decirle que le gustaba otra. ¿Cuál era la dificultad de eso? Se preguntaba. ¿Qué creía? A lo mejor que iba a salir llorando y rogándole que no se fuera. No. Hay cosas mucho más importantes por las que llorar pero sin embargo lloró por él, porque lo quería y el simplemente no. Por lo menos no lo suficiente como para ser sincero con ella. No le gusta que le mientan ni que le oculten cosas. Maneja mejor las verdades de frente. Por esa razón ella las dice. Pero en este caso no tuve ni el valor ni las ganas de decirle las cosas de frente. Todavía no lo ha hecho. Más de una vez se lo ha encontrado en la universidad. Lo ve pero no le habla, tampoco lo saluda. Y él solo se resigna a bajarle la mirada. Cobarde.

Ahora que está de vacaciones piensa más en eso. Poco a poco lo va perdonando. Tal vez si lo ve en el nuevo semestre le hable. Lo más seguro es que le explique el por qué de su silencio. El por qué de su lejanía. Tiene que quitarse esa mala costumbre que tiene de estarse explicando. De dar razón de lo que hace y por qué lo hace. Creo que eso lo hará poco a poco. Mientras sigo creyendo que lo va a perdonar. Siempre perdona a todo el mundo. Como ya dije tiene un corazón muy grande y le cuesta más trabajo odiar o estar molesta con alguien que contentarse. Menudo problema.

Está dejando de llover. Y escucha que abren la puerta de la casa. Su padre. Le pregunta que qué hacía ahí. Ella sólo dice que nada y se va a su cuarto. Que por supuesto ya no es suyo. Pero esa es otra historia.